Una docena de molinos

La nueva vida de los vecinos desalojados de la barriada de Francisco Javier Centurión se desarrollará en Los Molinos, que es como ya se llama el edificio que los acogerá. Decidida semanas atrás en asamblea, la denominación no es casual. Hunde sus raíces en la pujante actividad de molinos de viento -hasta una docena- que tuvo lugar en aquella zona, que dio pie a una toponimia que se fue diluyendo y que ahora, de alguna manera, recobra algo de protagonismo.

Eliseo Izquierdo, el cronista oficial de La Laguna, conoce la historia al detalle. Su descripción de Los Molinos es la de un espacio despoblado, de huertas e higos picos, y de vientos intensos, lo que motivó la instalación allí de estas estructuras. “En las grandes explanadas abiertas que se extendían más allá de las lindes del barranco de Cha Marta mirando al sur, los vientos alisios encontraban ancho espacio para soplar con fuerza y ritmo suficientes como para mover las aspas de los viejos molinos harineros (Torriani habla de la forza de venti settentrionale che di continuo la bátano)”, expone en “Molinos de la memoria”, que fue el primer pregón que tuvieron -en 1998- las fiestas de San Juan, convertido después en una publicación.

La zona abarcaba una extensión amplia: donde hoy está el barrio de San Honorato, el demolido Centurión, San Juan… No había unos límites estrictos, dado que eran fundamentalmente solares, cuyo paisaje lo marcaron estos elementos. No en vano, empezaron a figurar en los planos del XVIII y XIX una fila de molinos que, en la obra citada, el cronista refiere con un símil elocuente: “Como una procesión de orugas”. “De los diecisiete molinos de viento que aparecen dibujados, como hileras de orugas, en el plano de la ciudad que levantó el ingeniero Andrés Amat de Tortosa y copió (que es el que ha quedado) el marino francés M. Chevalier Isle en 1779, once de ellos están situados en las inmediaciones de San Juan, y los otros, apenas desplazados, en el lugar que hasta hace poco se conocía por Higueras de Don Felipe y en San Benito”, relata en el mismo texto.

Tal era la cantidad de estos “gigantes” que para la construcción del cementerio de San Juan hubo que retirar uno de ellos. No es el único dato llamativo que apunta el cronista: por un lado, la calle El Peso recibe su nombre de que era allí donde se pesaba la harina y, por otro, actualmente sigue quedando el molino La Molineta, en Núñez de la Peña, como recuerdo de un tiempo que comenzó a morir con la llegada de la electricidad, a finales del XIX. Vinieron posteriormente otras formas de moler la harina y producir gofio, así como la edificación, en la segunda mitad del siglo XX, de San Honorato y el Centurión. Se da la circunstancia ahora de que la nueva etapa de aquella urbanización que contribuyó a que Los Molinos se fuese al olvido es la que le rinde tributo. Y le da algo de fuelle.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: http://eldia.es/laguna/2017-07-09/5-Molinos-zona-ayer-hoy.htm